Editorial

Quo Vadis?

EDICIÓN 94 SEP-NOV 2018

¿Adónde va Duque el presidente? En un país en exceso presidencialista como Colombia, el centro de gravedad de la política parece haber cambiado rápidamente de lugar: todo se discute y decide en el Congreso de la República, con aparente independencia del gobierno, el cual interviene con cierto desinterés y cada vez acumula más fracasos en sus iniciativas legislativas. Las explicaciones a este inusual cambio de escenario varían dependiendo del ángulo desde donde se le mire. El Presidente sostiene que quiere superar la tradicional relación gobierno-legislativo mediada por las prebendas y el pago de favores con cargo al erario público, es decir, la ‘mermelada’; sectores políticos de la oposición sostienen que tal intención de Duque es estrategia del Centro Democrático para satisfacer las demandas de las diversas facciones de su fragmentado grupo político y de paso mostrar que él no es un títere del jefe de su partido. La Vicepresidenta ha explicado esta relación diciendo que una cosa es el gobierno y otra cosa es su partido. La distancia entre el gobierno y su bancada del Centro Democrático en el Congreso es tan significativa que difícilmente podría pensarse que es el mismo partido del presidente.

A Duque se le abona su carácter no conflictivo y conciliador. No obstante, ha tenido serias dificultades para establecer un diálogo adecuado entre su tendencia “tecnócrata” –evidente en su discurso y la conformación de su gabinete– y la política que se mueve en el Congreso, incluyendo la de su propio partido. Su debilidad consiste precisamente en que no cuenta con una polea de transmisión efectiva entre su gobierno de tecnócratas con el mundo político que se expresa en el Congreso, en donde no tiene una holgada mayoría. Su jefe, el mismo del Centro Democrático, de poco le ha servido de bisagra en el Congreso, pues polariza y tiene una agenda ambigua. Con el otro mundo político, el de la opinión pública expresado por la gente común, la conexión del Presidente es precaria, y con los movimientos y organizaciones sociales, la relación es tensa. Esto explicaría la reciente caída de su popularidad al 27 por ciento.

A Duque se le abona su carácter no conflictivo y conciliador. No obstante, ha tenido serias dificultades para establecer un diálogo adecuado entre su tendencia “tecnócrata” –evidente en su discurso y la conformación de su gabinete– y la política que se mueve en el Congreso, incluyendo la de su propio partido. Su debilidad consiste precisamente en que no cuenta con una polea de transmisión efectiva entre su gobierno de tecnócratas con el mundo político que se expresa en el Congreso, en donde no tiene una holgada mayoría. Su jefe, el mismo del Centro Democrático, de poco le ha servido de bisagra en el Congreso, pues polariza y tiene una agenda ambigua. Con el otro mundo político, el de la opinión pública expresado por la gente común, la conexión del Presidente es precaria, y con los movimientos y organizaciones sociales, la relación es tensa. Esto explicaría la reciente caída de su popularidad al 27 por ciento.

A Duque se le abona su carácter no conflictivo y conciliador. No obstante, ha tenido serias dificultades para establecer un diálogo adecuado entre su tendencia ´tecnócrata´ y la política que se mueve en el Congreso

En medio de este panorama, la transición después de la firma de los acuerdos de paz será, sin duda, más larga, dispendiosa e incierta. Después del plebiscito por la paz de 2016 y el triunfo de Duque y su partido, una vez más se hace evidente el disenso en el país sobre la salida negociada al conflicto armado. Con un marcado acento en la reincorporación de los excombatientes de las FARC-EP y el retorno a políticas anti-drogas probadamente fracasadas, la implementación de los acuerdos va a marchas forzadas. El Sistema de Justicia Transicional, principalmente la Justicia Especial para la Paz (JEP) y la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la no Repetición han sido blanco de ataques de deslegitimación por parte del partido de gobierno, principalmente. De otro lado, la premisa “el que la hace la paga” con la que este gobierno resume la seguridad ciudadana y la legalidad, hace difícil cualquier intento de negociación de paz con los ‘elenos’, a quienes se les ve como simples criminales y se les niega su larga historia de proyecto político y social con fuerte raigambre popular en algunas regiones del país.

¿Para dónde va Duque? En el informe “Democracias capturadas: el gobierno de unos pocos. Mecanismos de captura de la política fiscal por parte de las élites y su impacto en la desigualdad en América Latina y El Caribe (1990-2017)” publicado por Oxfam este año, se señala que la pobreza latinoamericana se debe a los altos índices de desigualdad y a que las medidas fiscales para reducirla no son tomadas por los gobiernos para el bienestar de las mayorías sino para una élite que busca imponer sus privilegios económicos. Con base en el estudio de trece países de la región, la investigación demuestra cómo gremios económicos promovieron estrategias de impuestos y de gasto público en detrimento de las mayorías, especialmente de los más pobres y la clase media. De este modo, la política fiscal, principal instrumento que tiene un Estado para disminuir la brecha entre ricos y pobres, es puesta al servicio de los primeros. Y se hace imponiendo más carga al consumo y a los servicios, especialmente aquellos de primera necesidad, mientras el impuesto a la renta, a las tierras y a los negocios –que requieren grandes inversiones– resultan los principales beneficiarios del sistema fiscal. Esto se debe en gran medida a dos tácticas que ha puesto en práctica el empresariado: el uso de la puerta giratoria (personas del sector privado que ingresan al público y viceversa) y el lobby feroz con los gobiernos. Otras estrategias han sido financiamiento de campañas políticas, pago de sobornos y campañas mediáticas que favorecen los intereses de unos pocos. Así, poco a poco el Estado y lo público se han puesto al servicio de la minoría privilegiada. Por esta vía se ha colonizado el mundo de la política y se han estigmatizado las luchas sociales. Por ese camino parece estar transitando Duque en sus primeros meses de gobierno.

Investigador del Cinep/Programa por la Paz. Equipo de Derechos Humanos.