{"id":6755,"date":"2021-12-04T18:06:29","date_gmt":"2021-12-04T23:06:29","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/?p=6755"},"modified":"2021-12-06T08:49:54","modified_gmt":"2021-12-06T13:49:54","slug":"contra-el-relato-de-la-violencia-manifiesto-de-sociedad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/contra-el-relato-de-la-violencia-manifiesto-de-sociedad\/","title":{"rendered":"Contra el relato de la violencia. Manifiesto de sociedad"},"content":{"rendered":"\n<font font=\"\" size=\"3\" face=\"Roboto, Arial\" color=\"#CCCCCC\">EDICI\u00d3N 103 SEP-DIC 2021<\/font>\n\n\n\n<p><span style=\"color: rgb(207, 46, 46); user-select: auto;\" class=\"ugb-highlight\"><strong style=\"user-select: auto;\">Por Carlos Mario Perea Restrepo<\/strong><\/span><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap has-black-color has-text-color\"><em style=\"user-select: auto;\">La profundizaci\u00f3n de la democracia ha sido ingrediente primordial en la b\u00fasqueda de la paz. Lo fue desde comienzos de la d\u00e9cada de 1980, lo sigue siendo hoy frente a un ciclo violento que no termina de cerrar. Para el caso, el edificio institucional de la Constituyente de 1991 -ese gran pacto nacional de paz-, se proyect\u00f3 sobre los derechos ciudadanos y la participaci\u00f3n, dos de los pilares m\u00e1s caros para la democracia. Igual sucede en el Acuerdo de La Habana: el segundo punto se ocupa de la apertura pol\u00edtica, confirmando los estrechos nexos que mantiene la paz estable y duradera con la vigorizaci\u00f3n de la democracia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En estas p\u00e1ginas nos ocupamos de tales nexos entre democratizaci\u00f3n y pacificaci\u00f3n, pero lo hacemos reivindicando una faceta de la democracia hist\u00f3ricamente silenciada: el derecho de la ciudad a la paz. Ciertamente el relato de la violencia, el que ha gozado de un dominio indisputado a lo largo de nuestra vida republicana, ha suprimido casi de tajo la urbe y sus violencias. Lo ha hecho mediante una doble operaci\u00f3n: de un lado, construyendo una mirada donde no tiene sitio la ciudad, y de otro, dise\u00f1ando una paz atravesada por un franco sesgo rural.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Ciudad olvidada<\/h2>\n\n\n\n<p>Colombia ha vivido una violencia sin fin; en medio del perturbador cortejo f\u00fanebre que ha tra\u00eddo consigo la presencia abrumadora de la muerte, el pa\u00eds termin\u00f3 por asumir la gram\u00e1tica de la violencia a modo de operador del discurso y la conciencia p\u00fablicos. Es el relato de la violencia.<\/p>\n\n\n\n<p>No ha sido siempre id\u00e9ntico a s\u00ed mismo. En algunos momentos se nombr\u00f3 \u201cla violencia\u201d y luego \u201clas violencias\u201d; despu\u00e9s \u201cla guerra\u201d y en un momento m\u00e1s se aludi\u00f3 a \u201cv\u00edctimas y memoria\u201d. La versi\u00f3n que llega hasta nuestros d\u00edas, el \u201cconflicto armado\u201d, implica que comprendemos e interpretamos los conflictos desde la racionalidad de la confrontaci\u00f3n entre los actores de la guerra. No es una elecci\u00f3n cualquiera; est\u00e1 cargada de consecuencias: el exagerado \u00e9nfasis en el conflicto armado y sus acontecimientos, ha implicado que todo aquello que no conecte de modo directo con sus avatares, pierde singularidad y densidad. Es el caso de la ciudad, el escenario donde la presencia del conflicto armado est\u00e1 sujeta a m\u00e1s de una mediaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Como primera medida, los actores armados no han podido imponer sus formas de dominio sobre la calle de la ciudad como s\u00ed lo hacen con entera propiedad en zonas rurales, donde implantan una f\u00e9rrea ley que reglamenta desde la hora de cierre de las cantinas hasta las \u201cvacunas\u201d que deben tributar empresarios y comerciantes. Nada m\u00e1s durante el per\u00edodo del gran despliegue paramilitar se produjo la toma de un pu\u00f1ado de ciudades, como lo testimonian C\u00facuta y Valledupar. M\u00e1s a\u00fan en estos casos -pese al enorme poder\u00edo armado sobre m\u00e1s de una faceta de la vida urbana-, no se produjo nada parecido a la p\u00e9rdida de control del establecimiento sobre la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image alignwide size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Policia-Nacional-de-los-Colombianos-1-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-6811\" srcset=\"https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Policia-Nacional-de-los-Colombianos-1-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Policia-Nacional-de-los-Colombianos-1-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Policia-Nacional-de-los-Colombianos-1-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Policia-Nacional-de-los-Colombianos-1-270x180.jpg 270w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Policia-Nacional-de-los-Colombianos-1-770x515.jpg 770w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Policia-Nacional-de-los-Colombianos-1.jpg 1800w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption>Foto: Polic\u00eda Nacional de los Colombianos.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>La guerra cruza e incide sobre la urbe -no cabe duda-, pero su ingreso se hace a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n de los actores que producen las mismas din\u00e1micas citadinas. Medell\u00edn, la ciudad grande donde la confrontaci\u00f3n b\u00e9lica hizo su mayor presencia, vio desfilar por sus calles guerrillas y paramilitares de todos los marbetes; sin embargo, quienes siguen ah\u00ed todav\u00eda en los barrios populares colgados en las laderas -investidos de su poder\u00edo local-, son los combos y las bandas que emergieron por all\u00e1 en los a\u00f1os 1980. Los indicadores del conflicto armado lo ratifican: el 90% de las acciones b\u00e9licas toman cuerpo en sectores rurales.<\/p>\n\n\n\n<p>De tal suerte, dada la \u201cprecaria\u201d presencia urbana de la guerra, la ciudad ha permanecido en el \u201colvido\u201d. Su lugar entre los estudios de la violencia es marginal, poco cuenta el vasto desarrollo que tiene el tema en el pa\u00eds. Con la sola excepci\u00f3n de Medell\u00edn, es poco y nada lo que sabemos sobre nuestras ciudades. Para el caso, \u00bfqu\u00e9 decir de C\u00facuta, situada en la conflictiva frontera con Venezuela? \u00bfO de Popay\u00e1n, capital de una regi\u00f3n altamente violenta? Igual, enmudecemos ante Ibagu\u00e9, Villavicencio y Armenia, tres urbes de reconocida criminalidad, mientras otro tanto sucede con el resto de la malla urbana nacional.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que vale para la investigaci\u00f3n, aplica del mismo modo para la paz. El relato de la violencia no es un mero acumulado simb\u00f3lico, es tambi\u00e9n un conjunto de decisiones pol\u00edticas que trazan cursos de acci\u00f3n estrat\u00e9gicos para la vida colectiva. La paz es una de ellas, su opci\u00f3n pol\u00edtica tiene como finalidad \u00faltima la alteraci\u00f3n de los equilibrios de poder. Pues bien, en consonancia con el relato del conflicto armado, la ciudad tambi\u00e9n ha sido all\u00ed relegada. El prolijo Acuerdo de La Habana, reconocido en el mundo entero por la minucia y universalidad de su mirada, menciona la ciudad nada m\u00e1s cinco veces; lo hace adem\u00e1s para calificar condiciones particulares del universo rural, de ning\u00fan modo para introducir la urbe como esfera aut\u00f3noma digna de tratamiento paralelo. No es una falla propia de la negociaci\u00f3n con las FARC, es una concepci\u00f3n de la paz largamente sostenida que apareci\u00f3 con toda fuerza desde inicios de los a\u00f1os 1980, cuando arranca el impulso pacificador que ha acompa\u00f1ado el largo ciclo violento que a\u00fan no concluye.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Ciudad violenta<\/h2>\n\n\n\n<p>El olvido de lo urbano cuenta y mucho, no se trata de un fen\u00f3meno menor que pueda ser desestimado. No solo porque Colombia es un pa\u00eds altamente urbanizado, sino adem\u00e1s porque la calle genera m\u00e1s de la mitad de los homicidios nacionales. No es un fen\u00f3meno reciente, es un suceso hist\u00f3rico que echa sus ra\u00edces 40 a\u00f1os atr\u00e1s. La Gr\u00e1fica 1 lo muestra: la comparaci\u00f3n de ciudades y poblados revela, con nitidez, el peso abrumador de la ciudad en la producci\u00f3n del homicidio nacional. Una vez se le entiende como la aglomeraci\u00f3n de 100 mil o m\u00e1s habitantes, la curva urbana se mantiene por encima en 31 de los 40 a\u00f1os que corren entre 1980 y 2019.<br><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Imagen-1.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6807\" width=\"632\" height=\"259\" srcset=\"https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Imagen-1.png 632w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Imagen-1-300x123.png 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 632px) 100vw, 632px\" \/><figcaption>DANE. Estad\u00edsticas Vitales. Defunciones no fetales. Defunciones por causa externa. Cuadro No. 4A.<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Cinco per\u00edodos configuran el curso de esas cuatro d\u00e9cadas (Gr\u00e1fica 2). En cada uno, sin excepci\u00f3n, la ciudad exhibe una tasa de homicidio siempre por encima. Lo hace en el per\u00edodo previo (1980-1984), pero tambi\u00e9n en el actual -el Piso entre 2015 y 2019-, cuando las tasas de homicidio descienden a su punto m\u00e1s bajo. Incluso est\u00e1 arriba nada menos que 14 puntos durante la Guerra (1992-2002), justo cuando la confrontaci\u00f3n armada conoce su mayor realce. La contribuci\u00f3n de la ciudad a la conformaci\u00f3n del homicidio nacional es de hondo calado, los datos son concluyentes.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"632\" height=\"174\" src=\"https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Imagen-barra-2.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6808\" srcset=\"https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Imagen-barra-2.png 632w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Imagen-barra-2-300x83.png 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 632px) 100vw, 632px\" \/><figcaption>DANE. Estad\u00edsticas Vitales. Defunciones no fetales. Defunciones por causa externa. Cuadro No. 4A.<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>As\u00ed las cosas, considerando las dos facetas -el \u201colvido\u201d y la enorme contribuci\u00f3n-, quedamos frente a la punzante \u201cparadoja urbana\u201d: mientras la ciudad hace tama\u00f1o aporte a la curva de homicidio, sus violencias y conflictos reciben escasa atenci\u00f3n, incluyendo su relegamiento frente a las b\u00fasquedas de la paz.<\/p>\n\n\n\n<p>Claro, la ciudad est\u00e1 atravesada por el enervado desasosiego en torno a la seguridad. Sus pobladores viven emplazados por la acechante amenaza contra su vida y su patrimonio, de un tiempo para ac\u00e1 convertida en la m\u00e1s urgente de las preocupaciones urbanas. Las posibles terap\u00e9uticas, sin embargo, dependen del resorte exclusivo de alcaldes y gobiernos locales. Cada ciudad est\u00e1 compelida a resolver el problema por s\u00ed misma, al margen de la consideraci\u00f3n de una Ciudad -con may\u00fascula- que sit\u00fae, primero, una reflexi\u00f3n sobre el significado de la violencia urbana en el contexto de la muerte nacional, y segundo, un esfuerzo que conecte la ciudad de manera org\u00e1nica a la construcci\u00f3n de la paz. La paz no se reduce y contrae a la seguridad, por m\u00e1s amplia que ella pueda ser concebida.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image alignwide size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto-Natalia-Botero-1024x683.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6814\" srcset=\"https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto-Natalia-Botero-1024x683.png 1024w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto-Natalia-Botero-300x200.png 300w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto-Natalia-Botero-270x180.png 270w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto-Natalia-Botero-770x515.png 770w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto-Natalia-Botero.png 1500w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption>Foto: Natalia Botero<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Colombia ha provocado uno de los m\u00e1s graves desastres humanitarios que el mundo haya conocido en tiempos recientes. De cara a la devastadora desolaci\u00f3n que todav\u00eda no deja de arrastrar, se vuelve comprensible el exacerbado \u00e9nfasis en el conflicto armado. Sin embargo, todo indica que su cometido hist\u00f3rico ya se cumpli\u00f3. El relato de la violencia se agot\u00f3, ahora corresponde ayudar a revaluarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que hacerlo, se trata de un relato unilateral y sesgado que dej\u00f3 en entredicho los territorios urbanos donde discurre la vida de las cuatro quintas partes de la poblaci\u00f3n nacional. Tornar visible la \u201cpaz urbana\u201d, entrelaz\u00e1ndola con la \u201cpaz rural\u201d, es un acto de afirmaci\u00f3n democr\u00e1tica que allana el camino a la paz estable y duradera. Sin embargo, no es todo, la clausura del relato de la violencia debe producirse, adem\u00e1s, replanteando el concepto de sociedad sobre el que descansan sus premisas fundantes.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Conflicto violento<\/h2>\n\n\n\n<p>La ciudad es tambi\u00e9n un territorio en disputa, solo que la lucha por el dominio de sus calles se libra a manos de actores que emergen de su particularidad hist\u00f3rica. Las dos ciudades que pasaron por los grandes carteles del narcotr\u00e1fico en las d\u00e9cadas de los a\u00f1os 1980 y 1990, Medell\u00edn y Cali, a\u00fan permanecen cruzadas por complejas estructuras mafiosas. Es otro el caso de Bogot\u00e1 o Valledupar, urbes donde los controles territoriales no siguen la impronta de un actor empe\u00f1ado en dominar territorios, ni actores presentes en los barrios.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad tambi\u00e9n tiene historia, y en conexi\u00f3n con ella, identidad. Cada urbe vive modalidades de conflicto ligadas a los actores e intercambios que brotan de sus l\u00f3gicas internas. Son los agentes sociales con los que el conflicto armado ha tenido que \u201cnegociar\u201d su ingreso a la ciudad. Con todo, la singularidad urbana no reside solo en las pr\u00e1cticas propias de tales agentes; en realidad, su m\u00e1s decisiva particularidad proviene de la presencia de la \u201csoluci\u00f3n\u201d violenta en la tramitaci\u00f3n de los conflictos en la vida \u00edntima y cercana: en la familia, en la calle del barrio, en el intercambio econ\u00f3mico, en la fiesta \u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El exterminio social -la mal llamada \u201climpieza social\u201d-, es quiz\u00e1s la violencia emblem\u00e1tica de la ciudad colombiana. La pretensi\u00f3n de regular el conflicto que toma cuerpo en la calle, eliminando identidades reputadas de conflictivas e inc\u00f3modas (el ladr\u00f3n, el consumidor, el transgresor sexual), pone al descubierto la hondura a la que llega el acontecimiento violento en la mediaci\u00f3n de nuestros tejidos sociales. Ning\u00fan otro pa\u00eds latinoamericano experimenta ni la sistematicidad, ni el nivel de involucramiento de los vecinos en la pr\u00e1ctica del exterminio social, confirmando -en perspectiva comparada-, la habituaci\u00f3n social a la violencia que cruza las pr\u00e1cticas cotidianas en Colombia.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image alignwide size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Alexandra-Marin-Sabana-2-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-6815\" srcset=\"https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Alexandra-Marin-Sabana-2-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Alexandra-Marin-Sabana-2-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Alexandra-Marin-Sabana-2-270x180.jpg 270w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Alexandra-Marin-Sabana-2-770x515.jpg 770w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Alexandra-Marin-Sabana-2.jpg 1500w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption>Foto: Alexa Rochi.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Los actores urbanos ilegales, la recurrencia de la muerte en contextos de proximidad y el exterminio social, ponen la ciudad m\u00e1s all\u00e1 del conflicto armado, revelando una trama de sociedad largamente escamoteada por el relato de la violencia. En la ciudad muere el atajo de los actores armados, ese que nos ha permitido pensar nuestro desangre y exceso acudiendo a la guerra y sus protagonistas. Es cierto que el exterminio social se vino a convertir en pr\u00e1ctica predilecta de los actores armados, mostrando una vez m\u00e1s el elevado grado de consentimiento del que goza entre la poblaci\u00f3n. No obstante, sus ra\u00edces se remontan m\u00e1s all\u00e1 de la guerra, se prologan sobre el creciente proceso de urbanizaci\u00f3n que arroj\u00f3 esa gigantesca ciudad popular que configura cada una de las urbes nacionales.<\/p>\n\n\n\n<p>Alcanzar la paz no supone solo la finalizaci\u00f3n del conflicto armado; m\u00e1s all\u00e1, significa exorcizar el conflicto violento que re\u00fane, s\u00ed las violencias de la guerra, pero adem\u00e1s esas \u201cotras\u201d violencias disparadas al calor de los conflictos en la calle y la vida privada. No huelga repetirlo, esas \u201cotras\u201d agregan la mayor\u00eda de las muchas violencias que nos acosan. Atada a esa visi\u00f3n totalizante, la muerte violenta se impone ante la sociedad m\u00e1s all\u00e1 de los actores armados, anunciando que la supresi\u00f3n del conflicto violento ha de incorporar la voluntad de una sociedad empecinada en desterrarlo de las mediaciones que regulan la vida de todos los d\u00edas. La paz encuentra otro anclaje -uno enterrado en sociedad-, dando p\u00e1bulo a la consigna, hoy por hoy capital, seg\u00fan la cual la sociedad debe tomarse la paz.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Momento de sociedad<\/h2>\n\n\n\n<p>La paz en Colombia ha sido construida desde arriba, desde el Estado y los actores armados. Salvo contadas excepciones as\u00ed sucede hasta el Acuerdo de La Habana. Naturalmente, tanto el uno como los otros desempe\u00f1an un papel nodal, la paz ser\u00eda impensable sin su concurso decidido y protag\u00f3nico. No obstante -se anot\u00f3-, la paz es un proyecto de modificaci\u00f3n del poder: la mayor afirmaci\u00f3n democr\u00e1tica en la actualidad implica balancear los equilibrios de poder a favor de la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>No es una quimera, la movilizaci\u00f3n social que estall\u00f3 el pasado 28 de abril otorga carta de ciudadan\u00eda a eso que llamamos momento de sociedad. Es un acontecimiento in\u00e9dito en nuestra atormentada historia social y pol\u00edtica. Existen antecedentes, ciertamente; empero, por su masividad, diseminaci\u00f3n, intensidad y duraci\u00f3n, la erupci\u00f3n social que a\u00fan no cierra representa una fractura en los modos de configuraci\u00f3n del poder: el hecho, a todas luces distintivo, es la presencia renovada de la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablamos de sociedad por su capacidad de arrastrar diversos segmentos en una movilizaci\u00f3n sincronizada, m\u00e1s all\u00e1 de distingos de clase. Fue una protesta masiva, desprovista de impronta sectorial, a la que concurrieron desde sectores organizados hasta expresiones espont\u00e1neas de sectores empobrecidos de ciudades y zonas rurales. La sociedad tambi\u00e9n se hace tangible en la diseminaci\u00f3n territorial. Los datos oficiales documentan 9.623 expresiones en 794 municipios. El dato es elocuente: la protesta se disemin\u00f3 sobre el 89% de los municipios que componen el pa\u00eds. Fue un cierto estallido de sociedad.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image alignwide size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Antonio-Jose-Herrera-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-6817\" srcset=\"https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Antonio-Jose-Herrera-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Antonio-Jose-Herrera-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Antonio-Jose-Herrera-270x180.jpg 270w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Antonio-Jose-Herrera-770x515.jpg 770w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Antonio-Jose-Herrera.jpg 1500w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption>Foto: Jos\u00e9 Antonio Herrera<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Un decisivo fen\u00f3meno de construcci\u00f3n de poder se avizora tras la movilizaci\u00f3n. La sociedad ya no pide ser representada, su voz y su indignaci\u00f3n no las delega ni en los partidos, ni en los movimientos pol\u00edticos, ni en el Estado, ni en las instituciones. Es la imagen de la sociedad en las calles, sin reclamos de representaci\u00f3n que no sea ella misma.<\/p>\n\n\n\n<p>En el desarrollo de la protesta es posible identificar dos momentos: uno, correspondiente a la gran convocatoria social, y otro, encarnado en las Primeras L\u00edneas. Cada uno perfil\u00f3 un sujeto social y pol\u00edtico. En el primero, una fuerza social impuso su voluntad tajante sobre el Estado y las \u00e9lites. No sabemos el destino de su evoluci\u00f3n, hacia d\u00f3nde caminar\u00e1 y qu\u00e9 ensambles le constituir\u00e1n. No obstante, el acontecimiento ya es patrimonio de una memoria colectiva que experiment\u00f3 el fragor de un sujeto capaz de disolver viejas estructuras de poder. Igual aconteci\u00f3 en el segundo momento con la juventud, se perfil\u00f3 un sujeto dispuesto a llevar la protesta hasta sus \u00faltimas consecuencias. Recogiendo la voluntad de poder de la erupci\u00f3n, las mujeres y hombres j\u00f3venes enarbolaron el lenguaje de la transformaci\u00f3n poniendo voz al sentido cansancio colectivo frente al orden de cosas reinante, en particular con la inequidad y la miseria.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal es el momento de sociedad, animada por un profundo descontento que la recorre de un extremo al otro. La protesta prendi\u00f3 por la abusiva reforma tributaria del gobierno, pero tras el impulso inicial afloraron otros motivos que tocan el curso vital de las grandes mayor\u00edas: el desempleo, la falta de oportunidades, el acceso a la educaci\u00f3n, la paz. La manifiesta urgencia de cambio ya no se pregona en nombre de la revoluci\u00f3n, t\u00e9rmino que descifr\u00f3 durante largo tiempo el horizonte de la protesta y la lucha pol\u00edtica. No se reclam\u00f3 el cambio estructural del modelo, se pidi\u00f3 el derecho a la vida digna y al buen vivir.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image alignwide size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"685\" src=\"https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Natalia-Botero-1-1024x685.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-6816\" srcset=\"https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Natalia-Botero-1-1024x685.jpg 1024w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Natalia-Botero-1-300x201.jpg 300w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Natalia-Botero-1-270x180.jpg 270w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Natalia-Botero-1-770x515.jpg 770w, https:\/\/www.revistaciendiascinep.com\/home\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Foto_-Natalia-Botero-1.jpg 1500w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption>Foto: Natalia Botero<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Un elemento final le confiere rostro al momento de sociedad rematando el agotamiento del relato del conflicto armado: el rechazo de la violencia. Ciertamente, ella no desapareci\u00f3 del todo, la brutalidad policial lo certifica. Seg\u00fan Temblores ONG se produjeron 4.687 casos de violencia policial, entre ellos 44 homicidios donde el agresor es un miembro reconocido de los cuerpos de seguridad del Estado. Del otro lado tambi\u00e9n hubo actos violentos, incluyendo innegables hechos de vandalismo.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, las violencias derivadas de la movilizaci\u00f3n no fueron sistem\u00e1ticas. Entre las 9.623 expresiones de protesta, 7.800 no presentaron ning\u00fan episodio violento. En Cali -donde se verific\u00f3 la coincidencia entre puntos de resistencia y sectores de reconocida trayectoria criminal-, ni siquiera se lleg\u00f3 a producir una situaci\u00f3n en que los marchantes abrieran fuego contra las fuerzas policiales. No est\u00e1 documentado ni un solo episodio de intercambio armado entre autoridades y manifestantes.<\/p>\n\n\n\n<p>El relato de la violencia se agot\u00f3, dej\u00f3 de informar las b\u00fasquedas pol\u00edticas de una sociedad que se moviliza, tambi\u00e9n de las generaciones j\u00f3venes que terminaron por asumir el protagonismo de la resistencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El momento de sociedad es amorfo. La condici\u00f3n de clase social regada entre ciudades y veredas, no convoca la imagen del sujeto revolucionario que persigui\u00f3 durante largo tiempo la reflexi\u00f3n pol\u00edtica. Pero su fuerza y presencia est\u00e1n ah\u00ed, lo acontecido en la marcha que inici\u00f3 el pasado 28 de abril muestra una b\u00fasqueda en la invenci\u00f3n contempor\u00e1nea de lo pol\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n<p>En consecuencia, el conflicto fundante no est\u00e1 solo en el mundo rural, como lo asevera el relato de la violencia; est\u00e1 igual en la ciudad, lo puso al corriente la erupci\u00f3n social. Hay que decirlo de nuevo: la paz en las calles es tan esencial como la paz en los campos.<\/p>\n\n\n\n<p>La quiebra del relato de la violencia fuerza la exploraci\u00f3n de renovadas narrativas. Es un imperativo que se cumple, incluso frente al amargo ciclo violento por el que pasa de nuevo el pa\u00eds: es preciso nombrar de otros modos las violencias que no dejan de atormentarnos. El momento de sociedad por el que cruzamos abre caminos, los sac\u00f3 a flote la reciente movilizaci\u00f3n social. El poder de sociedad es, por antonomasia, el poder seminal de la democracia, de modo que la consigna de la sociedad que se toma la paz afianza los nexos entre democracia y paz, incluyendo, en el coraz\u00f3n de la b\u00fasqueda, el derecho pleno que le cabe a la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Foto portada:<\/strong> Natalia Botero.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-rich is-provider-spotify wp-block-embed-spotify wp-embed-aspect-21-9 wp-has-aspect-ratio\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<iframe loading=\"lazy\" title=\"Spotify Embed: Cien D\u00edas 103 - Contra el relato de la violencia\" width=\"100%\" height=\"152\" frameborder=\"0\" allowfullscreen allow=\"autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture\" src=\"https:\/\/open.spotify.com\/embed\/episode\/05ZyhDuD9Y2mPS51u5yUFN?si=034bb301abb7496d&#038;utm_source=oembed\"><\/iframe>\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<p 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