Estamos ante una presidencia sin agenda, sin respaldo popular ni gobernabilidad, digna de un aprendiz atado a su mentor. El desempeño legislativo fue pobre y el manejo del gabinete, errático.
La recomposición y fragmentación políticas, junto con el realinderamiento ideológico de la población colombiana frente a la paz de Santos, enmarcan el inicio del gobierno de Duque.