Fue un amigo apasionado por los derechos del ser humano, generoso, claro, racional, escritor, realizador y amante de la vida. protesta social.
EDICIÓN 115 ENE-JUN 2026Lo recuerdo en la Javeriana, cuando participó en la protesta universitaria junto a Carlos Vicente de Roux. Reclamaban participación estudiantil y una institución que estudiara los problemas reales del país y preparara a los jóvenes para enfrentarlos. El padre Gabriel Giraldo, decano de Derecho, tenía un alto aprecio por Gustavo y Carlos pero no estaba de acuerdo con sus ideas y acciones. Les puso condiciones. Podían seguir al último año y graduarse como javerianos, pero solo si cambiaban. Ambos se negaron a aceptar esas condiciones y se graduaron en El Externado. Había desde entonces una clara vocación por Colombia que ambos cumplieron toda la vida.
La principal vocación de Gustavo fueron los derechos humanos, y los iba a defender hasta lo último. Participó en las discusiones y desafíos del Cinep y contribuyó en varias de sus publicaciones. Fue el primer director de la revista CIEN DÍAS y, si bien se concentró en la producción de un pensamiento propio, en cada edición también se ocupó del trabajo institucional que llevó a la revista a ser un referente de reflexión nacional en los años difíciles de la última parte de los 80 y comienzos de los 90. La revista salía en los periódicos El Espectador, El Colombiano, La Patria y La Vanguardia, y recibía críticas y comentarios de todas partes. Cebemo, cooperación holandesa, ayudaba en ediciones cuya producción costaba 25 millones de pesos, equivalentes a más de 700 millones de pesos de hoy. El salario mínimo de 1988 era de 25.600 pesos mensuales y cada número costaba 976 salarios mínimos. Así, las cuatro primeras ediciones de CIEN DÍAS costaron más que el presupuesto anual del Cinep en 2026. Y este era tan solo uno de tantos proyectos de la institución. Gustavo se le medía a obras grandes por la causa.
Por entonces, él tenía un papel importante en la Comisión Latinoamericana de Juristas y empezó a pensar en crear la Comisión Colombiana de Juristas para luchar por los derechos humanos. Así lo hizo. Esta tarea absorbió su tiempo y tuvo que dejar su trabajo de tiempo completo en el Cinep. Siguió sí como compañero de reuniones, desafíos y búsquedas.
Así acompañamos juntos el dolor y la lucha por los derechos de miles de mujeres, niños, campesinos, indígenas y afrocolombianos, de defensores de derechos humanos y de víctimas de la violencia política. Compartimos el interminable duelo por los miembros de la Unión Patriótica; la incesante tarea de buscar asilo extranjero y ayudas para la supervivencia de quienes, en procesión sin descanso, necesitaban refugio para escapar de la muerte; y el dolor de perder grandes amigos y amigas como Héctor Abad Gómez, Eduardo Umaña Mendoza, Bernardo Jaramillo Ossa, Jaime Garzón, Sergio Restrepo, Elsa Alvarado y Mario Calderón, Chucho Bejarano, Yolanda Cerón y muchos otros. Y después, cuando emprendimos el Programa del Magdalena Medio, Gustavo asumió, desde la CCJ, el acompañamiento de los casos por los asesinatos de nuestras compañeras y compañeros.
Gustavo tenía la comprensión amplia para combinar la consistencia de los derechos humanos con el derecho internacional humanitario, y el debate jurídico y legal con la visión social, política e internacional de lo que estaba ocurriendo. Por eso fue tan pertinente en su legado. Y no es de extrañar que Naciones Unidas lo tuviera como consultor y que Gustavo Petro, sin haber hecho Gustavo Gallón parte del M-19, lo nombrara embajador de Colombia en la ONU, donde de sobra fue el mejor representante que en todos los tiempos tuvimos.
Cuando iniciamos la Comisión de la Verdad en 2018, Gustavo aceptó ser miembro del Consejo Asesor, una instancia de apoyo, inspiración y crítica, que ayudó mucho a la tarea que culminó en la formulación del informe titulado HAY FUTURO SI HAY VERDAD. Su amistad, compromiso y solidaridad quedaron plasmados en la columna de El Espectador que tituló VERDAD A RAJATABLA. Allí trabajó las Recomendaciones de la Comisión como pedagogo en DDHH y visión política y de país. Hoy ese libro fue entregado en Ginebra en sus traducciones al inglés y al francés. El 2 de julio, el Comité de Seguimiento y Monitoreo de las Recomendaciones presentó el informe semestral. Allí se leyó el mensaje que Gustavo había enviado al evento la semana anterior. Nos decía que, terminada su misión, regresaba a trabajar con toda determinación por una Colombia en paz, basada en la verdad y la justicia. Cuando lo leímos ya Gustavo había muerto.
Más allá de todo, guardo de Gustavo sus conversaciones de amigo, entre los dos y en juntanzas, como dicen ahora. En ellas analizaba la realidad, esclarecía los problemas y pasaba de lo serio al humor fino. Cantaba, reía y era un gran tomador de buen vino. Incluso, por lo menos en dos casos que conozco, creó restaurantes de amigos, lugares de encuentro para hacer tertulia de la coyuntura con buena comida, música y un trago.
Lo recuerdo cuando viajó a acompañarnos en el homenaje que hizo a la Comisión de la Verdad de Colombia la alcaldesa de París, en el salón solemne de la Alcaldía. Ese día Gustavo no habló de sus ejecutorias en Ginebra sino de la causa de las víctimas y lloró ante académicos, personalidades francesas y los grupos de solidaridad por Colombia y los exiliados. Se había vuelto inmensamente sensible con el dolor y el desafío de la causa. Lo llevaba en el corazón.
Amigos comunes, Germán Velázquez y Christine, me llamaron desde Ginebra a contarme que el jueves, después de la elección de Abelardo de la Espriella, Gustavo, destrozado, había ido con Adriana a una comida familiar. Le invitaron a que recobrara los ánimos, y él lloró con ellos y les dijo que regresaría a retomar la lucha. Pocas horas después, al llegar a su residencia, se desplomó para siempre en manos de Adriana.
Más de una vez hablamos de paso sobre su decisión de sacar de su vida al dios de las religiones. Siempre he pensado que Gustavo fue un ejemplo de ser humano completo, en sus defectos y en su grandeza. Y como creyente, tengo la convicción de que hombres y mujeres como él no terminan con la muerte. Desde el Misterio que nos regaló la existencia y nos puso en esta tarea, hoy nos acompaña y nos espera para seguir luchando hasta siempre.