Editorial

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¿Por quién doblan las campanas?

EDICIÓN 109 SEP-DIC 2023

Por: Jorge Alberto Camacho, S.J., director de Cien Días vistos por Cinep/PPP

En Palestina…

La noche en la ciudad es oscura, excepto por el brillo de los misiles;
silenciosa, excepto por el sonido del bombardeo;
aterradora, excepto por la promesa tranquilizadora de la oración;
negra, excepto por la luz de los mártires.
Buenas noches.

Heba Abu Nada, poetisa, novelista y bioquímica palestina de 32 años, escribió este poema, un día antes de ser asesinada por los bombardeos israelíes. Por ella doblan las campanas, como por miles de víctimas, imposibles de ocultar para Israel, a pesar de cortar las comunicaciones en la Franja de Gaza. Ni el poder económico y militar, ni el apoyo de Occidente y la manipulación mediática, han servido al estado sionista para invisibilizar la masacre.

El pasado 7 de octubre se inició esta guerra, la más larga después de décadas de confrontación y ocupación. Aquel día, Hamas y otros grupos de resistencia armada palestinos, atacaron a Israel, dejando alrededor de 1200 muertos y 246 personas secuestradas. Desde entonces, la “legítima defensa” invocada por Israel, y aplaudida por Estados Unidos y Europa, con el objetivo de “borrar a Hamas”, ha resultado en cerca de 18.000 muertos civiles palestinos, todos sus pueblos y ciudades arrasados, bombardeos a hospitales y el desplazamiento forzado de casi toda la población. 

Genocidio, difícil llamarlo de otro modo. No se trata de los simples efectos colaterales de la guerra, sino de un genocidio planificado y alentado por la ideología sionista, que ha sido ejecutado desde hace mucho tiempo, en las narices del mundo Occidental, que además, se ha hecho el ciego.  Limpieza étnica, iniciada con la Nakba de 1948 (para los palestinos, la catástrofe), que significó la destrucción de la sociedad y la patria palestina, y el desplazamiento permanente de la mayoría de su población. Luego del fracaso de las negociaciones de paz y, sobre todo, del boicot a los acuerdos de Oslo, la ultra derechización de la política israelí parece conducir al despojo territorial y al exterminio palestino.

Las campanas suenan, difícil no escucharlas. También repican por las víctimas del pueblo judío ese 7 de octubre, cuyo resonar es atendido con premura por Occidente, como si hubiera muertos malos y buenos, los unos terroristas y los otros ciudadanos.

Por eso cuando un presidente suramericano, sin injerencia aparente, en eso que los ingleses bautizaron Oriente Medio, se negó a condenar el ataque contra Israel, las críticas no se hicieron esperar.

Más que insensato, parecía monstruoso ante la opinión pública, no condenar los brutales ataques contra Israel. Quizás el presidente Petro, tildado de loco por algunos y de vicioso por otros, pero conocedor en carne propia de la capacidad destructiva del Estado de Israel, dadas las tácticas guerreristas que introdujeron a nuestro país, en el entrenamiento a los paramilitares y en la planificación del genocidio a la Unión Patriótica, y que él mismo padeció desde su juventud guerrillera, no podía obrar de otra manera. Gustavo Petro fue coherente con su historia, con su lucha, y entendió bien que una condena de los deplorables ataques de Hamas, sería la carta blanca pretendida por el Estado de Israel, para continuar sin reparos de la comunidad internacional, el genocidio contra el pueblo palestino.

Gran indignación para algunos, han causado sus referencias a Hitler y al nazismo, tanto en sus tuits, como en su reciente discurso durante la COP 28. ¿Podemos acusar su argumento, de reducción ad Hitlerum? En el primer caso, su alusión al nazismo y a los campos de concentración fue en respuesta al embajador de Israel en Colombia, Gali Daban, quien esgrimió el Holocausto en uno de sus tuits, para presionar al presidente Petro a condenar los ataques de Hamas. En el segundo caso, para dirigirse a los europeos y norteamericanos, y llamar la atención sobre la creciente tendencia en sus países, de las políticas nacionalistas, la segregación y el cierre de fronteras.

Sin ahondar en el debate del buen o mal uso de las referencias al Holocausto nazi, lo cierto es que Gustavo Petro puso el dedo en la llaga, al relacionar cambio climático con desigualdad social, y de paso ligar los procesos migratorios que estos generan, con las guerras actuales, especialmente con la que recrudece en Palestina:

El éxodo será respondido con mucha violencia. Con la barbarie misma. Lo que vemos en Gaza es el ensayo del futuro. ¿Por qué los grandes países consumidores de carbono han permitido los asesinatos sistemáticos de miles de niños en Gaza? Porque Hitler ya entró a sus hogares y se alistan para defender sus altos niveles de consumo de carbono y rechazar el éxodo que provoca.

Intervención del presidente Gustavo Pedro, en la Cumbre Climática, COP28, Dubái, Emiratos Árabes Unidos,1 de diciembre de 2023

En el planeta…

“La era del calentamiento global ha terminado. La era de la ebullición global ha llegado”, sentenció, el 23 de agosto de este año Antonio Guterres, secretario general de la ONU. Este aterrador anuncio, hecho después de conocer los resultados de las mediciones climáticas en varios puntos del planeta, lejos de alertar a los gobernantes y a los dueños de los grandes capitales, parece una insulsa campanada más, en la ya larga serie de advertencias no escuchadas.

Cuando la humanidad debería concentrarse en reversar la degradación del planeta, las guerras se multiplican y una verdadera voluntad de cambio se aleja. Las Naciones Unidas han llegado al límite de su propia incompetencia y el mundo parece sumido en la oscura era de la razón estúpida.

El Papa Francisco también urge, en su nueva exhortación apostólica, Laudato Deum, a actuar de inmediato para salvar nuestra Casa Común, pero lamentablemente, ni la predicación de Juan el Bautista pudo hacerse en medio de tanto desierto.

Talvez el llamado loco o vicioso, presidente de nuestra espelunca Colombia, tiene algo de razón. La guerra en Palestina porta una lógica, la del petróleo, de la colonización, del capitalismo revestido de democracia, que es la misma que nos ha llevado a la destrucción de nuestro planeta.

La lógica capitalista, de la acumulación desmedida, la producción y el consumo, la guerra preventiva y el crecimiento económico a costa de la vida, difuminada como virus letal por toda la humanidad, impide que hagamos los cambios necesarios para evitar el porvenir fatídico que, conscientes del poder aterrador de las invenciones de la razón humana, cargamos a nuestras espaldas.

Mientras los gobiernos se niegan a proceder en consecuencia, los pueblos parecen entender que Supermán ya dejó de ser el héroe, y que las campanas del planeta doblan por cada ser humano:

La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti…

John Donne, Devotions Upon Emergent Occasions, Meditación VII, 1624

En Colombia…

El estallido social del 2021 fue el gran campanazo de alerta. Era necesario un cambio, y logró fraguarse en las elecciones del año siguiente con el triunfo de Gustavo Petro.

Pero los grandes lemas de su gobierno, Colombia Potencia Mundial de la Vida, Paz Total, Gobierno del Cambio, etc., corren el riesgo de quedarse en eso, en simples frases rimbombantes, si no logra una mayor eficacia en la ejecución y gestión pública en los territorios.

Por otro lado, las llamadas Reformas para el cambio parecen ir dando tumbos y saltos en su tránsito legislativo ante el Congreso. La oposición casi visceral contra ellas, por parte de algunas élites, demuestra, de algún modo, que sí tocan aspectos importantes y significarán un cambio.

Entre el aborrecimiento y la adición fanática a la figura de Gustavo Petro, empieza a abrirse un espacio para construir y entender que, si no hacemos cambios significativos y concertados como sociedad, las campanas del país y del mundo seguirán doblando y retumbando, en el réquiem por la violencia y la barbarie, que nos agobian desde antaño.

Jorge Alberto Camacho Chahin, S.J.

Filósofo y Licenciado en Teología de la PUJ. Magíster en Teología Fundamental del Centre Sèvres de Paris.