Paz Total

Mitos y realidades de los resultados electorales

EDICIÓN 109 SEP-DIC 2023

Por: Víctor Barrera y Jorge Camacho, S.J.*

Concluidas las pasadas elecciones territoriales, los balances son tantos y tan diversos, que difícilmente puede hablarse de ganadores y perdedores absolutos. Por su naturaleza, las elecciones locales tienen muchos matices, están expuestas a una gran variación territorial, obedecen a lógicas diferentes de la política nacional y no están siempre determinadas por maquinarias que asfixian la capacidad decisoria del electorado.

En Cien Días vistos por Cinep/PPP, cuestionamos algunas de las interpretaciones de mayor resonancia en el debate público, y ofrecemos una mirada más detallada del nuevo mapa político regional que dejaron las elecciones del pasado 29 de octubre y sus impactos en el margen de maniobra que tiene el Gobierno nacional para sacar adelante una ambiciosa agenda reformista, que ha encontrado un sinnúmero de obstáculos.

El tal plebiscito no existió: más fragmentación que polarización

La tesis de que las elecciones fueron un plebiscito contra el Gobierno nacional, no se sostiene a la luz de los resultados. Más que la consolidación de un bloque regional opuesto a Petro, lo que hubo fue una reconfiguración fragmentada del mapa del poder político subnacional. Las regiones decidieron, considerando en gran medida sus problemáticas locales y el desempeño de las administraciones salientes, más que con base en una evaluación a la gestión del presidente.

Desde una perspectiva histórica, esta fragmentación del campo político a nivel territorial, se refleja en la evolución de nuestro sistema de partidos, el cual ha transitado desde un bipartidismo con figuras nacionales que racionalizaban las luchas faccionales al interior de cada partido, hacia una hiperfragmentación partidista durante la década de 1990, cuando los operadores políticos locales se desmarcaron de las figuras nacionales, hasta recomponerse en un multipartidismo moderado, luego de la implementación de la reforma política de 2003, que obligó a una relativa mayor disciplina al interior de los partidos, sin jubilar el marcado acento personalista y clientelista del sistema[1]. Un escenario que, nuevamente, se transformó de cara a estas elecciones territoriales, en las que tuvimos un multipartidismo mucho más atomizado que se abrió camino, no por la vía de una reforma política, sino por decisiones del Consejo Nacional Electoral y de la Corte Constitucional, ocasionando que fueran 35 partidos -20 más que en las elecciones territoriales de 2019- los que estuvieron en capacidad de avalar candidatos que dinamizaron las más diversas coaliciones a nivel subnacional[2].

Foto: CNE.

Los efectos prácticos de esta fragmentación evidencian que todas las fuerzas partidistas perdieron votos, en comparación con 2019, y no todas las que compitieron por primera vez en este 2023, consiguieron los resultados que esperaban. Según el análisis publicado por el portal La Silla Vacía[3], entre los partidos que más votos perdieron para concejos municipales se encuentran La U con 34% menos de los votos conseguido en 2019 (aproximadamente 672.000), Cambio Radical que perdió el 31% (655 mil votos menos), Alianza Social Indígena con una reducción del 20% (251.00 votos aprox.) y Alianza Verde con una pérdida del 18% de los votos (333 mil menos que en 2019). Un desempeño que contrasta con la menor disminución de votos que experimentaron los partidos Liberal y Conservador, que continuaron siendo los más votados a concejos en el país, y perdieron apenas el 7% (191.000 votos menos) y 8% (180.000 votos), en comparación con la votación obtenida en 2019, respectivamente.

Por su parte, entre las nuevas etiquetas partidistas que aparecieron para este 2023, sólo el movimiento político de Federico Gutiérrez, Creemos, y el de Carlos Fernando Galán, Nuevo Liberalismo, lograron tener listas propias al concejo con una votación importante. Cada uno de estos partidos, altamente personalistas y marcadamente territorializados, consiguieron un poco más de 420 mil votos a nivel de concejos. Un desempeño que contrasta con los pobrísimos resultados de los partidos Salvación Nacional que lidera el nieto de Laureano Gómez, Enrique Gómez Martínez, Dignidad y Compromiso, liderado por Jorge Enrique Robledo, y la Nueva Fuerza Democrática del ex presidente Andrés Pastrana.

Aunque ilustrativas y centradas en las votaciones para cuerpos colegiados que miden mejor el peso de las estructuras partidistas[4], estas cifras muestran que no hubo un triunfo absoluto de unos pocos grupos políticos sobre los demás ni, mucho menos, de aquellos que más abiertamente han expresado su oposición o apoyo al Gobierno nacional como, por ejemplo, el Centro Democrático o Cambio Radical en el primer caso, o el Pacto Histórico, en el segundo.

El Pacto Histórico se dividió

Afirmar que no se puede entender el resultado de las elecciones regionales como un plebiscito contra el gobierno Petro, no implica negar que el desempeño electoral del Pacto Histórico fue muy pobre. Tan sólo ganó gobernaciones propias en Nariño y Amazonas que, vale decir, no fueron triunfos del Pacto estrictamente hablando. La victoria en Nariño obedece a una larga tradición de movilización social y construcción de capital político de fuerzas propias de la región, que anteceden por mucho, a la existencia misma de esta coalición de izquierda. Y en Amazonas, la victoria obedeció al apoyo informal que recibió su candidatura, por parte de las redes políticas locales, adscritas al partido Liberal.

El fracaso más contundente del Pacto Histórico y del presidente Petro en las elecciones fue, sin duda, haber perdido Bogotá, donde el mandatario tenía un importante capital político. El rifirrafe con Claudia López, a propósito del Metro, la inexperiencia en ese tipo campañas de Gustavo Bolívar, y la inconformidad por el manejo de las listas cerradas del Pacto, fueron algunos de los factores que contribuyeron a esta derrota.

Foto: María José Pizarro.

Este mediocre desempeño electoral del Pacto Histórico se explica, tanto por los incentivos de las elecciones locales, como por la naturaleza caudillista de este movimiento político. Las elecciones locales, contrario a las nacionales, incentivaron que cada grupo de la coalición jugara por separado con sus propios candidatos o se alinearan con aliados “improbables”, quienes les representaban mayores recompensas en un futuro cercano, lo cual exacerbó una mayor competencia a nivel territorial, entre quienes en el plano nacional se conciben como aliados. Un caso extremo fue el de Arauca, donde cinco grupos adscritos al Pacto aspiraron con candidaturas propias a la gobernación del departamento.

La naturaleza caudillista, por su parte, se evidenció en la ausencia de mecanismos institucionales para solucionar los problemas de acción colectiva, asociados a las aspiraciones electorales de los grupos políticos, adscritos al Pacto. La incapacidad del Comité Nacional del Pacto Histórico para llegar acuerdos básicos sobre cómo operar en las elecciones locales, las demoras para que desde Bogotá se aprobaran los avales de sus candidaturas, la falta de cuadros intermedios propios, con experiencia en la política práctica, y las relaciones ambiguas con algunos poderes regionales pertenecientes a la “política tradicional”, impidieron cualquier posibilidad de que el Pacto actuara en bloque para estas elecciones regionales.

Pese a este campanazo de alerta, más de un mes de conocerse los resultados electorales, aún no es clara la estrategia del Pacto para sobrevivir en 2026. Mientras algunos sectores abogan por mantener el estado de cosas actual, otros tienen visiones diferentes del camino que debería tomar la coalición, bien sea configurándose como un nuevo partido político o apostando por una arriesgada reforma política, que permita un incierto reacomodamiento de sus fuerzas, lo cual no sería otra cosa que una dinámica de transfuguismo exprés, por una sola ocasión.

Clanes políticos: el viejo personal en un nuevo contexto

Las elecciones también dejaron ver que los clanes políticos tradicionales gozan de buena salud en muchas regiones del país, donde consiguieron o se mantuvieron en el poder a nivel de gobernaciones y alcaldías. Lo cual no significa que el país volvió al pasado, ni mucho menos que esto confirme la tesis del plebiscito anti-Petro, al menos, por tres motivos.

Primero, porque si bien estamos ante un viejo personal político por todos conocido, el contexto en el que operaron para acceder al poder, no necesariamente fue el mismo que el de hace unos años. Conservan su influencia y margen de maniobra, sí, pero los saben amenazados ante un electorado más crítico de las maquinarias, una mayor vigilancia de los medios de comunicación, facilidades de acceso a las redes sociales por parte de la ciudadanía y a leyes que castigan con mayor rigor, la compra de votos lo cual les obliga a buscar nuevas formas de esquivarlas.

Foto: CNE.

Segundo, porque estos clanes expresan, como ningún otro fenómeno, la fragmentación territorial del poder político, ya abordado en este artículo, lo que les dificulta extender su poder regional al ámbito nacional. De hecho, la heterogeneidad de estos clanes en cuanto a su trayectoria, bases de poder e intereses, limita la probabilidad de que, eventualmente, actúen como un bloque en contra del Gobierno nacional.

Y, tercero, porque hostilizar al Gobierno nacional no es buen negocio para el arranque de sus mandatos. Contrario a lo que sucedía con sus antecesores, a quienes en un contexto de salida les resultaba rentable culpar al Gobierno nacional por los problemas que afectaban sus departamentos y municipios, estos nuevos gobernantes -entre los que se encuentran una buena parte de los clanes políticos- se enfrentan a un escenario diferente, donde necesitan construir buenas relaciones con la presidencia para acceder a los recursos políticos y financieros necesarios, para cumplir con sus promesas de campaña. En un sistema presidencialista como el colombiano, los mandatarios locales no pueden sustraerse de un diálogo directo con el Gobierno nacional, y allí el presidente Petro tiene una nueva oportunidad para ajustar su estrategia y sacar adelante varias de sus políticas insignia en materia de paz, seguridad y ordenamiento territorial.

Lo que se avizora

Visto el mapa político que se reconfiguró con las elecciones locales de octubre, es fácil sucumbir ante la idea de que, en sana lógica gatopardiana, todo cambió para que todo siga igual. Si bien hay resultados parciales, aún es temprano para dejarse llevar por el pesimismo. El panorama es mucho más complejo de lo que se supone y lo que parece haberse configurado es un escenario más cercano a un empate que al de un nocaut técnico, pues ninguna fuerza política se alzó con una victoria lo suficientemente amplia como para imponerse a las demás, independiente a si está o no alineada con el Gobierno nacional.

Por supuesto, aún estamos lejos de jubilar a la vieja política, y tanto el Pacto Histórico como el Gobierno nacional, quedaron mal parados después de estas elecciones, pero es equivocado sostener que volvimos al pasado y considerar que la suerte está echada para la agenda de cambio del Gobierno Petro. La codependencia de éste con los nuevos gobiernos subnacionales, ofrece un nuevo escenario de relacionamiento en el que, hasta el momento, es más rentable la cooperación que la competencia. Que esto suceda, sin embargo, dependerá del rumbo que tracen desde enero de 2024, los nuevos jugadores políticos desde sus posiciones de poder, ante un Gobierno nacional que pierde vertiginosamente el apoyo popular y la brújula de sus reformas, pero que aún tiene oxígeno para cambiar de estrategias.

* Texto elaborado por Víctor Barrera y Jorge Camacho, con aportes de Fernán González, a quien agradecemos el diálogo previo para intercambiar apreciaciones.


[1] https://repositorio.unal.edu.co/handle/unal/50315; https://revistas.udistrital.edu.co/index.php/cpaz/article/view/7331

[2] https://www.lasillavacia.com/opinion/feria-de-los-partidos-en-el-cne-vuelven-las-microempresas-electorales/

[3] https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/canibalismo-electoral-la-fragmentacion-castiga-a-los-grandes-partidos/

[4] El análisis de los resultados para alcaldías y gobernaciones arroja un resultado diferente en el que, por cierto, es más difícil determinar con total claridad de quién son los votos de la candidatura ganadora por la variedad de coaliciones que las respaldaron y que a veces incluía etiquetas partidistas que a nivel nacional dicen expresar dos modelos político por entero diferentes. Volveremos a este punto en el apartado correspondiente al regreso de los clanes políticos.

Politólogo de la Universidad Javeriana con maestría en ciencia política de la Universidad de Los Andes. Actualmente es investigador del equipo Estado, Conflicto y Desarrollo del Centro de Investigación y Educación Popular. Se ha interesado en analizar áreas relacionadas con el proceso de formación del Estado, las dinámicas territoriales de la guerra y la paz en Colombia, las relaciones entre crimen y conflicto armado y, más recientemente, el comportamiento de la protesta social.

Jorge Alberto Camacho Chahin, S.J.

Filósofo y Licenciado en Teología de la PUJ. Magíster en Teología Fundamental del Centre Sèvres de Paris.