101 / ENE-ABR 2021

Las mujeres y la defensa del territorio en Riosucio (Chocó)

EDICIÓN 101 ENE – ABR 2021

Por Yurany Bañol, Elián Castellanos y Laura Henao-Izquierdo

Existen muchas violencias que nos afectan de manera diferenciada a las mujeres en Riosucio. Este es un territorio ubicado en el Urabá (Darién Chocoano), al norte del departamento del Chocó, entre los ríos Atrato, Sucio, Salaquí y Truandó. Aparte del casco urbano, Riosucio tiene cuatro corregimientos: Belén de Bajirá, Blanquicet, Nuevo Oriente y Macondo.

En este territorio hay una fuerte presencia de actores armados, como los grupos posdesmovilización, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional, quienes generan violaciones a los DDHH, limitaciones a la movilidad, restricciones al acceso de bienes y servicios, reclutamiento forzado, desplazamientos masivos, amenazas directas a comunidades indígenas y afrodescendientes, al igual que señalamientos y violencia letal contra los liderazgos sociales y comunitarios del territorio1Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, 2017.

En este escenario, las mujeres sufren diversas violencias. De acuerdo con la Defensoría Delegada para los Derechos de las Mujeres y Asuntos de Género, la situación de las mujeres es preocupante, y obedece a una cultura machista que entorpece la labor de funcionarios públicos, lo que dificulta una respuesta eficaz por parte del Estado. Las tasas de feminicidios, violencia interpersonal, violencia intrafamiliar, y los delitos sexuales son alarmantes en el territorio. Por ejemplo, entre los años 2014 y 2018, se dio un aumento sostenido de los feminicidios en el departamento del Chocó, alcanzando una cifra de 16 mujeres asesinadas en el 2016, así como 207 reportes de mujeres maltratadas en el 2017, y más de 100 casos de violaciones este mismo año2Corporación Humanas, 2018. Con esto, al conflicto armado se suma que, para las mujeres, los espacios de mayor riesgo son los cotidianos, los comunitarios y los familiares, en los que el 96% de las mujeres de Chocó hemos sufrido violencia en algún momento 3Defensoría del Pueblo, 2014. Esta situación se agravó en los últimos años, en particular durante el año 2020, en el marco de la pandemia de la covid-19, en el que las mujeres han denunciado nuevos focos de violencia en el territorio. Según el informe del Acuerdo Humanitario Ya para el Chocó (2019), estas nuevas formas de violencia se centran en la persecución a las prácticas organizativas lideradas por mujeres, y las amenazas incluyen un lenguaje sexista e intimidatorio hacia sus cuerpos y el de sus núcleos familiares. A esto se añade el aumento de feminicidios, así como el reclutamiento por parte de grupos armados para convertirlas “en sus mujeres”4Verdad Abierta, 2019.

Foto: Alcaldía de Riosucio

Esta violencia es doble en el caso de las lideresas, quienes se enfrentan no solamente a la pérdida de su vida y las de sus familias, sino a amenazas machistas que nos exponen a otros riesgos, como la violación o el maltrato psicológico. Estas violencias también confrontan el valor de los liderazgos de mujeres y de hombres, quienes a veces no aprecian la participación femenina en los espacios de toma de decisión, siendo esta una lucha constante.

Estrategias para enfrentar las violencias

Ante estas violencias en el territorio, las mujeres de Riosucio hemos recurrido a varias estrategias. En este artículo se resaltan dos: I) conocimientos ancestrales y II) sanación.

1. Conocimientos ancestrales

Ser mujeres, negras, jóvenes y lideresas en procesos comunitarios en un territorio que vive día a día las violencias, en medio de intereses y tensiones de diferentes actores, expone constantemente nuestra vida, subsistiendo con miedo. No obstante, ser mujer lideresa conlleva tomar posiciones, liderar con las herramientas disponibles, y dialogar con instituciones del Estado, actores armados legales e ilegales, desde la asimetría. Por tanto, parte de las estrategias desarrolladas por nosotras, consiste en usar los conocimientos propios del territorio, que nos han enseñado nuestras abuelas y mujeres mayores. Como lideresas tratamos de que con nuestros conocimientos y saberes ancestrales podamos generar impacto en nuestras comunidades, en donde, desde la educación basada en principios y valores, la reconstrucción del tejido social y el amor por nuestro territorio, podamos confirmar que la violencia no genera nada bueno, y aunque no nos sintamos respaldadas por el Estado, no podemos desfallecer ni dejar de luchar por la vida y defensa de nuestro territorio. En ese camino de formación se crean redes de mujeres que sostienen los afectos para seguir liderando los procesos.

Para nosotras las mujeres lideresas es muy importante la ancestralidad, pues si nuestros abuelos o abuelas, o alguien de las generaciones predecesoras hicieron parte de la fundación de la comunidad o del inicio de su proceso organizativo, esto nos ayuda a tener bases, que son trasmitidas de generación en generación, y se van convirtiendo en tradiciones orales que contribuyen a fortalecer nuestro tejido societario; Nina Friedemann (1992) lo denomina huellas de africanía.

Esto permite que, como lideresas en nuestro territorio, hablemos con propiedad, teniendo confianza y respeto por nuestro trabajo, pues sabemos quiénes fueron los primeros pobladores y fundadores, en qué año llegaron los grupos armados, cuándo llegaron los repobladores, en qué año se desplazaron los ancestros de su territorio, todo lo cual contribuye a la reconstrucción del tejido social, a través de las memorias que nos recuerdan que pertenecemos a una comunidad. Como lideresas es importante defender todo este conocimiento y la comunidad, ya que a través de los conocimientos podemos defender con propiedad y respeto el territorio, en busca de la memoria colectiva y la verdad.

Foto: Alcaldía de Riosucio

Como parte de los conocimientos ancestrales, la medicina tradicional, las parteras, yerbateras y sobanderas5Las prácticas alrededor de la medicina y los cánticos, en las comunidades negras del litoral pacífico, son una forma de cohesión social que permite el reconocimiento, como parte de unos procesos presentes y anteriores, atravesados por la defensa de los territorios (Jaramillo, 2006). también juegan un papel muy importante en la comunidad, pues estas mujeres lideresas se enfrentan a adversidades, y se esfuerzan por el bienestar y preservación de la cultura y tradición del territorio, dejando un legado de conocimientos y saberes ancestrales, de generación en generación. Los procesos organizativos propician momentos de encuentro para que se sigan dando en las comunidades y transmitiendo cada día a quienes van creciendo y velando por defender el territorio.

2. Sanación6Por sanación se hará referencia a todas las prácticas cotidianas que se realizan para hacer catarsis, contando y cantando las experiencias y sentires de eventos traumáticos, y no a un ritual propio de armonización.

Los procesos de sanación son extensos y tal vez nunca terminan, pues dejar atrás momentos difíciles como el desplazamiento de las comunidades, el asesinato de un esposo, de nuestros hijos e hijas, o presenciar el desangre del territorio que nos vio nacer y crecer día a día, no es nada sencillo. Sanar pasa por un proceso de memoria que invita siempre a movilizar los sentires recorrer en todo nuestro cuerpo lo que sucedió y sigue sucediendo. No solo hacemos memoria de esos recuerdos difíciles, sino también de aquellos que nos permiten continuar. Muchas veces queremos olvidar, pero luego entendemos que ese no es un camino viable, ya que solo trae amargura. Como mujeres negras sabemos que lo único que debemos hacer es saber recordar. Y entonces nos preguntamos ¿por qué saber recordar?

La sanación es utilizada de muchas formas, ayudando a aliviar el cuerpo y nuestras memorias. Algunas de las formas que hemos aprendido para saber recordar y sanar nuestra memoria, pasan por momentos individuales y comunitarios. Cuando estamos reunidas en familia hacemos un proceso de sanación: empezamos a contar anécdotas del desplazamiento, de la violencia y de antes del desplazamiento, cuando vivíamos felices en el monte. Recordando, nos reíamos, pero también llorábamos. Sanamos y no lo hacemos solas, sanamos en familia porque aquellos recuerdos bellos nos ayudan a sanar los malos. No es fácil olvidar, pero sí debemos aprender a recordar.

La sanación de nuestros cuerpos, se apoya en la comunidad. Por ejemplo, cuando una mujer da a luz, es asistida por dos o tres mujeres, para apoyar a la mujer a realizar las diferentes labores del hogar, tomándose ese tiempo para recuperarse. De igual forma, cuando muere una persona, la comunidad se encuentra presente, ya que el dolor es compartido, una muestra de ello son los alabados.

Los alabados7Los alabados son tradiciones culturales que emergen de sentimientos y emociones, y muchas veces facilitan el perdón, y llevan al encuentro espiritual (Espirita y Montoya, 2018). juegan un papel fundamental en medio del proceso de muerte, siendo el canto una forma de expresar el dolor y pasar nuevamente por el corazón, para recorrer nuestros cuerpos y el territorio con él, siendo así, un canto de conexión. Aunque no es un proceso exclusivo de las mujeres, en su mayoría sí somos quienes acompañamos más durante el duelo, y mostramos sensibilidad ante los familiares por su pérdida, compartiendo, apoyando, llorando y cantando para la sanación colectiva. Existen diferentes alabados, por ejemplo, cuando muere un niño/a se realiza el gualíes, y cuando es un adulto, son las novenas, viviendo el velorio en comunidad para sanar juntas como nos lo han enseñado de generación en generación, siendo la vida y la muerte un llamado a sanar en comunidad.

Foto: Alcaldía de Riosucio

En los casos de violencias, tanto la sanción de la memoria como la del cuerpo, es necesaria. Frente a la violencia sexual que vivimos muchas mujeres, se hace un llamado a la intimidad, tratando de sanar apoyadas en otras. Pasa igualmente con el desplazamiento, en donde muchas de las personas que habitamos este territorio han vivido estos hechos, necesitando de la solidaridad de su comunidad, frente a la enfermedad, la alimentación y el refugio, para apoyar a la familia necesitada por algunas noches, y vivir juntas la vulnerabilidad.

Reconociendo el camino, conclusiones

Este artículo es una invitación a visibilizar estas apuestas étnicoterritoriales desde las mujeres, con el fin de defender nuestros territorios de las violencias estructurales y cotidianas que se viven en un municipio como Riosucio (Chocó), dando cuenta de las afectaciones y de los procesos cotidianos que se tejen para sostenernos entre mujeres, entendiendo el cuidado como una práctica política transgresora que nos vincula y ayuda a vivir. Ser lideresas permite reconocer lo que somos, y desde allí abrir el camino hacia otras formas de lucha, en donde nuestro ser, sentir y hacer, recobran un profundo significado. Mostrar estos contextos y sus resistencias, posiciona nuestro lugar como mujeres, y las formas en las que día a día creamos y recreamos nuestra forma de habitar y cohabitar.

Somos en red, y eso es lo que nos permite seguir vivas.

Sufrir una pandemia en este territorio, ha propiciado el aumento de muchas de las violencias que vivimos, pue nos alejan, y no posibilita tener una comunicación constante con otras. Hablar de nuestra lucha y de la defensa de nuestros cuerpos, de los territorios y de las memorias habitadas allí, en estos primeros cien días del año, es una forma de posicionar nuestro cohabitar, y contrastarlos con hace un año atrás (2020), cuando la pandemia llegaba a nuestro territorio. Esto nos obligó a repensar nuestras formas de cuidado y de existencia. Vernos un año después, en estos primeros cien días de 2021, nos ha permitido reconocer nuestras redes de cuidado, nuestro territorio y honrar nuestras raíces y conocimientos, pues hablar de lo que somos y hacemos desde tiempos milenarios, nos invita a valorarnos y seguir así, caminando con todas aquellas que nos antecedieron.

Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH)

Bibliografía

Corporación Humanas. (2018). Informe Especial Feminicidio Chocó. Bogotá D.C. AECID. Disponible en: https://humanas.org.co/ wp-content/uploads/2020/10/14.Boletin_Vivas_nos_queremos_Choco.pdf

Defensoría del Pueblo. (2014). Crisis humanitaria en Chocó . Bogotá D.C. https://www.defensoria.gov.co/public/pdf/crisisHumanitariaChoco.pdf: Defensoría del Pueblo.

Friedemann, N. (1992). Huellas de Africanía. Obtenido de Thesaurus : https://cvc. cervantes.es/lengua/thesaurus/pdf/47/ TH_47_003_071_0.pdf

Jaramillo, M. (2006). Los alabaos, los arrullos y los igualos como oficios de difunto y ritos de cohesión social en el lítoral pacífico colombiano. Obtenido de Jstor: www.jstor.org/stable/23287280

Manuel Bertaln Espirita, Elizabeth Montoya Giraldo. (2018). Perdón y reconciliación desde los alabados en las comunidades afros del Pacífico colombiano. Obtenido de Ágora:
http://190.131.242.67/index.php/Agora/article/view/4121/3348

OCHA – Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (2017). Situación humanitaria en Riosucio (Chocó). Riosucio https://www.humanitarianresponse.info/es/operations/colombia/document/factsheet-situaci%C3%B3n-humanitaria-en-riosucio-choc%C3%B3-septiembre-de-2017: Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas.

Verdad Abierta (30 de julio de 2019). Comunidades del Chocó, violentadas y sin ser
escuchadas. Violencia de género. Recuperado de: https://verdadabierta.com/comunidades-de-choco-violentadas-y-sin-ser-escuchadas/

Foto portada: Katalina Vásquez.

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Laura Henao-Izquierdo

Economista y MA en economía de la Universidad de los Andes, MA en sociología de la Universidad Nacional de Colombia, especialista en DDHH y DIH de la Universidad Externado de Colombia y en Epistemologías del Sur del CLACSO. Coordinó el equipo mediación del CINEP/PPP.

lc.henao24@gmail.com

Yurany Bañol

Lideresa juvenil y de procesos de mujeres y de organizaciones étnico-territoriales del Bajo Atrato, Chocó.
yurabanolh13@gmail.com

Elián Castellanos

Estudiante de pregrado en Ciencia Política y Antropología. Experiencia en procesos de organización y defensa territorial e investigación.

elian.castellanos@gmail.com

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